Sé lo que quiero hacer, pero no lo hago.
¿Y entonces?

 

Mientras preparaba el desayuno, tenía ganas de llorar.

El asunto venía de antes, pero ahí fue cuando se manifestó.

Hacía meses que no lo sentía (bueno, mentira, el día anterior también, pero es parte de este proceso que voy a compartir contigo).

Así que me fui al cuarto, me senté en el piso a llorar y… sólo salieron un par de lagrimitas pírricas.

“¡¿Qué?! ¡Con lo movida que me siento y lo que sale es esta ridiculez de llanto?”

Casi que me sentí ofendida por la falta de compasión de mi drama, que se negaba a aparecer.

Pero la verdad es que después de par de décadas de vivir sumergida en situaciones dramáticas—y los últimos años, en mi proceso de expansión de consciencia—aprendí a vivir sin drama (tanto así que cuando lo busco, ya no aparece).

Verás, sin entrar en detalles que pueden aburrirte, te explico lo que me pasa y que originó ese cuasi-llanto:

Sé lo que quiero hacer. Pero me encuentro no haciéndolo.

¿Te suena familiar? Quizá tengas “algún amigo/a” a quien le pasa… ejem…

No es en toooodo en la vida. Sólo en algunas áreas puntuales.

Pero el efecto genérico, es como el de una onda.

Como cuando lanzas una piedra al agua de un estanque en reposo, y ves las ondas que se forman alrededor de la piedra y se van “abriendo” hacia afuera, ¿sabes?

Inevitablemente, van alcanzando más y más área del estanque y “tocando” cuanto se atraviesa.

Así mismo, el estado anímico y vibracional que se genera cuando me encuentro en esos momentos de incongruencia—entre lo que quiero hacer y lo que me veo no haciendo—afecta otras áreas de mi vida.

Es viral.

No se pueden contener las ondas de las que te hablaba anteriormente.

Se escapan de nuestras manos.

Aún si pones una madera en el agua—o cualquier otro objeto que interrumpa el paso del agua—igual la onda continuará su movimiento, hacia los lados de la madera.

En pocas palabras, si me siento desalineada, incómoda, triste, molesta (o cualquiera sea la emoción), en un área particular de mi vida, esa “onda” afectará otras áreas de mi vida, aunque en esas otras, no me sienta “mal”.

La buena noticia… es que esta lógica aplica a cualquier emoción. Así que si nos sentimos alineados, entusiasmados, contentos, “positivos”… pues esas emociones también afectarán y tendrán impacto sobre otras áreas.

Esa situación de encontrarme no haciendo lo que digo que quiero hacer, generó una desalineación en mi estado que, como la onda del estanque, estaba afectando espasmódicamente mi concentración, mi fluir con lo que sucede, mi paciencia y mi contentitud.

En el pasado, este tipo de desalineación causaba crisis. Algunas incluso violentas.

Hoy por hoy, gracias a mi propio proceso de expansión de consciencia y a mi entrenamiento, ya no hay crisis, no hay arranques, no hay depresión (fui altamente depresiva en una época), ni mal humor.

Ok. Chévere. El asunto ahora es más fluido, corto y gentil pero…

¿Qué hago con lo que sé que quiero hacer y no hago?

¿Cómo me muevo, resuelvo y salgo de ese ciclo?

¿Necesito saber qué lo causa para moverme?

Las respuestas a esas preguntas, en orden son: Hacerlo. Moviéndome. No.

Para hacer lo que digo que quiero hacer… tengo que HACERLO.

Para moverme y resolver… tengo que MOVERME.

Y NO, no necesito saber la razón (la historia) por la cual hasta ahora, no me he movido (de hecho, una vez que me muevo, ni me importa cuál era esa razón). Puede ser útil y valioso, pero no es necesario.

No hay solución microondas.

Lo que hay son soluciones que pueden sentirse mágicas.

Hay caminos más largos o más cortos.

Hay formas gentiles, fluidas y expansivas, tanto como las hay ásperas, enredadas y contraídas.

Pero la única manera de hacer algo es HACIÉNDOLO.

¿Cómo?

Cada quien escoge.

Lamento decirte (en realidad, no, pero suena elegante y empático), que no vendrán las hadas madrinas a resolver nuestros asuntos mientras dormimos.

Y no porque no existan (las hadas o la magia), o porque las cosas no puedan cambiar de la noche a la mañana (¡Oh! créeme… sí pueden!), sino porque el truco…

¿estás atento?

…el truco es precisamente ATRAVESAR ese camino que queremos evitar.

Es allí a dónde está previsto que lleguemos.

No al otro lado del río. Sino AL río.

El secreto se encuentra EN el río.

Como SERes espirituales, nos expresamos desde nuestro hacer.

Si no hacemos, no nos expresamos.

No hacer, es a nuestro SER, como no respirar es a nuestro cuerpo.

Si no hacemos… es como si no respiramos.

Mi asunto no está resuelto. Me toca accionar. Me toca decidir. Me toca moverme.

En cada ahora en el que me encuentre resistiendo.

En cada ahora en el que me encuentre distrayéndome en el afuera para evitar.

En cada ahora en el que me encuentre excusándome para no entrar a ese río que me espera.

Como ahora.

En este ahora, decido terminar este artículo e ir a hacer ejercicios.

Desde el entusiasmo por saber que yo, soy más que las historias que me cuento.

¿Qué tal si compartes este artículo con alguien a quien pueda servirle para moverse? Alguien que pueda sacar de él la inspiración para sacudirse las lágrimas y soltar su historia.

También me encantará leer tus comentarios y conocer—no tu historia o tu drama ¡please!—sino si te inspiraron mis palabras a moverte… qué estrategias usas tú para hacer cuando no quieres… o cómo haces para soltar tus historias y poner tu pasión en acción :-)

¡Nos vemos en el río!

 

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