El Viaje de la Expansión de Consciencia

Qué es. Qué implica. A dónde te lleva. Y…

7 Ilusiones Que te Separan de la Felicidad Duradera y las 3 Claves para Comenzar a Experimentar un Sentido Profundo de Libertad y Paz Personal Más Allá de lo que Creías Posible

por Leo Alcalá y Evelyn Mezquita




ADVERTENCIA: Si es la primera vez que expones tu mente a perspectivas como las que estás a punto de leer, es posible que tus más arraigadas creencias se vean confrontadas. Para continuar, sólo hace falta tu disposición a abrirte a nuevas ideas. Y a conectar con tu intuición para reconocer aquello que, más allá de lo que podamos probarte, resuene contigo.
Sí, Quiero Continuar

¿Qué es lo que más quieres en la vida?

Quizá es más dinero. Más tiempo libre. Más viajes. Más éxito. Más sexo apasionado. Más objetos. Más aventura. Más diversión. Más placer.

O quizá lo que en este momento te atrae es la idea de más paz. Más tranquilidad. Más descanso. Menos estrés. Menos angustia. Menos tener que “estar pendiente de”. Menos presión. Menos miedo.

¿Por qué? ¿Por qué queremos lo que queremos?

Sea lo que sea el objeto o la idea de nuestros deseos, quereres, pasiones y hasta adicciones, hay una búsqueda.

La búsqueda por transformar radicalmente nuestro sentir ante la vida.

A veces la reducimos a la frase “sentirme mejor” o simplemente, “sentirme bien”.

Pero hay más que eso. Mucho más.

Tu Alma no se conforma con sentirse “bien”. No está aquí para simplemente, sentirse mejor.

Está aquí para experimentarse a sí misma, como la consciencia humana que Es… a plenitud.

No una plenitud a conseguir en algún “después“. No una plenitud a lograr ni alcanzar algún día. No un estado idílico de “estar completo” ni haber alcanzado “la iluminación”.

Lo que tu Alma quiere es la experiencia de tu plenitud en el único momento que existe: ahora. Y en cada ahora.

Es eso que de alguna manera intuimos que es la felicidad. No la felicidad inestable y efímera producto del apego a unas circunstancias. La verdadera felicidad. Esa que sólo se vive desde la absoluta libertad de tu Ser.

Pero en nuestra búsqueda por una felicidad que parece escurridiza, a veces se nos va la vida.

Parece que por más que la busquemos, por más que a veces la persigamos, no la encontramos. O cuando creemos tenerla, al poco tiempo pareciera debilitarse o desaparecer por completo. Quedándonos en el vacío que seguimos queriendo llenar.

Y es que cuando crecíamos y nuestra personalidad y sistema de creencias se iba formando, desde nuestra niñez hasta hoy, aprendimos maneras de relacionarnos con la vida ante las que nos sentimos continuamente separados de vivir consistentemente –o a veces del todo– lo que más queremos.

Adoptamos perspectivas que ahora yacen arraigadas en nuestro inconsciente, que estamos aquí para trascender.

Nosotros las llamamos…

Las 7 ilusiones que nos desconectan de nuestra plenitud, libertad y verdadera felicidad


Es sencillo:

Si interpretamos el fenómeno de la vida y nuestro encuentro con ella de maneras contradictorias a la esencia de la Existencia, no sentiremos paz ni libertad ni felicidad… ni plenitud.

Y si desde el piloto automático de nuestra mente y nuestras creencias, nos encontramos en esas interpretaciones una y otra vez, perpetuaremos la experiencia de estar en una búsqueda interminable por una felicidad plena que parece inalcanzable.

La única salida a esta agotadora carrera existencial, está en ver más allá de lo ilusorio para conectar con lo fundamental y trascendental. Está en transformar radicalmente la manera en que nos relacionamos con nuestro existir y el contexto –las circunstancias, personas, pensamientos, emociones y sensaciones– en el que cotidianamente nos encontramos conscientes.

Pero no nos adelantemos. Aunque queremos mostrarte una luz al final del proverbial túnel, vamos primero con las 7 ilusiones que forman parte de la consciencia colectiva en la que hemos crecido.

Ilusiones que, muy factiblemente, de una u otra forman, estén definiendo cómo te relacionas con tu vida… y limitando cómo te sientes en ella.

Vamos con la primera…

La ilusión de la incompletitud del ahora

¿Qué le hace falta a tu vida? Seguramente tienes –o puedes generar rápidamente– una lista de cosas, circunstancias, experiencias y emociones que forman parte de tus deseos y preferencias, pero que no están presentes en tu experiencia actual.

Es cierto. En este ahora, hay cosas que no tienes. Circunstancias que no te rodean. Sensaciones que no estás experimentando. Al menos desde la consciencia humana con la que te identificas.

De ahí que solemos aprender y creer que la vida es una búsqueda –a veces una lucha– por más. Por lo que hoy no es. Por lo que hoy no está. O por lo que una vez fue, y luego se fue.

Pero eso no afirma ni confirma, en lo absoluto, que a tu ahora le esté faltando algo.

Eso no prueba la falsa idea de que este momento en el que estás consciente de la existencia que eres, es incompleto. Ni equivocado. Ni insuficiente.

Mientras así lo creamos, la felicidad plena nos eludirá. Más si también, sin percatarnos, le damos fuerza a…


La ilusión de la promesa del después

Si al ahora le falta algo, entonces en algún tiempo y lugar está lo que necesitamos. En algún otro sitio, en algún otro ahora, encontraremos la paz y la felicidad.

Esa es la ilusión. Ese es el trance en el que la sociedad se encuentra. Persiguiendo continuamente, cual perros galgos en una carrera tras el conejo mecánico que siempre se les adelanta, una promesa: el después puede ser más completo que el ahora.

Un después que nunca llega… porque desde la desconexión con el ahora y la ilusión de que algo nos falta, seguimos persiguiendo el próximo después.

Creemos, y por lo tanto sentimos, que el ahora nunca es pleno. Y ante nuestro ojos y la ilusión del futuro que nos permitirá llenar nuestro vacío, lo devaluamos.

Pero el futuro prometido tiene dos caras. La de la promesa y la de la amenaza. Esa que sentimos cuando también nos encontramos en…

La ilusión de la posibilidad de que algo pueda faltar

Si lo que ahora creemos que nos falta lo estamos buscando afuera y en el después, es fácil sentirnos frágiles.

Así sentimos que algo que hoy es, mañana nos puede faltar. O algo que hoy buscamos, mañana no lo podamos encontrar.

No importa cuán distraídos estemos en nuestro juego de vida, desde estas ilusiones inevitablemente llevamos por dentro el miedo de perder o de no encontrar.

Y cualquier paz que por momentos podamos sentir, se nos hace inestable e insostenible.

Sobre todo cuando además hemos aprendido a filtrar la vida desde…


La ilusión de la dualidad bueno/malo

Cuando creemos que las circunstancias vienen con un significado positivo o negativo de fábrica, nos desconectamos de la sabiduría de la vida. Y nos desconectamos de nuestro poder.

Inevitablemente nos sentimos víctimas ante un universo aparentemente injusto, que a veces parece premiar lo inaceptable y castigar lo loable.

Y sentimos en nosotros la lucha mitológica entre el bien y el mal que vemos reflejada en las películas de Hollywood.

No sólo eso, sino que desde la ilusión de la incompletitud del ahora llegamos a creer que el ahora es, de alguna manera, malo. Que su aparente incompletitud apunta a una falla. A que algo está mal… en mí. Algo hay que arreglar… en mí.

¿Será que lo que estoy haciendo es malo? ¿Será que no debo? ¿Me estaré equivocando? ¿Será que si me dejo vivir desde la autenticidad de mis más profundos deseos, puedo dañar al otro? ¿O será que el otro es el malo, el que me puede dañar, y del que tengo que defenderme?

Sea como sea, sumergidos en esta arraigada ilusión cultural, la felicidad, la paz y la libertad plena de dejarnos ser desde nuestro corazón, parecen seguir eludiéndonos.

Más cuando también vivimos desde…

La ilusión del poder del afuera

Desde las ilusiones, lo que nos falta no sólo está después y no ahora. Está allá afuera. En algún lugar. En algún evento. En alguien.

Pasa desapercibido el que somos máquinas de generación de significados a través de los que creamos nuestra experiencia, y vivimos en la ilusión de que las circunstancias tienen un poder. El de hacernos sentir.

Sea para reír o llorar, el afuera parece tener un poder para determinar nuestro estado de ser.

En la búsqueda por sentirnos diferentes, parece haber pocas opciones y pasan por: arreglar, mejorar o cambiar el afuera. Y ante los intentos de lograrlo, no escapamos al encuentro con nuestras sensaciones de victimización ante un afuera que a veces aparece implacablemente confrontador y retador.

¿Por qué yo? ¿Por qué a mí? ¿Cuándo será que…?

Y en la distracción con el afuera, nos encontramos también en…


La ilusión de la supremacía de la acción

Aprendimos a estar en competencia con la vida. Crecimos creyendo que a la vida, hay que ganarle. Y que la felicidad es el premio.

En la evidente experiencia del accionar humano, creímos que la acción tiene una razón primordial de ser: lograr lo que ahora no es. Alcanzar o manipular el “afuera” que en un después, crees que te dará la felicidad, llenará tu vacío, y te permitirá la paz.

Hemos aprendido a olvidar que somos seres vibracionales, en una realidad vibracional. En sustitución, nos acostumbramos a relacionarnos con el mundo creyendo que la acción es la que manda. Es la que logra. Es la que, de alguna manera, va primero que todo. Porque es la acción la que, creemos, garantiza que podamos arreglar, mejorar o cambiar nuestras circunstancias.

Desde ahí, en ocasiones caemos en la arrogancia que nos lleva a creer que el fin justifica los medios. Es cuando nos llevamos al corazón por delante, mientras desde la mente justificamos las acciones que tomamos aún cuando estén desviadas de la verdad del Alma.

En la ilusión de un afuera con el poder de limitar tu felicidad y restringir la libertad y paz de tu Ser, la acción racional ha pasado a ser la bandera en la competencia y lucha ante la vida.

Una racionalidad promotora de la supremacía de la acción, sustentada en…

La ilusión del control de la mente física

Hemos olvidado quienes somos realmente. Es parte del juego que hemos escogido jugar. Para vivir la experiencia de recordar.

Pero en la desconexión con nuestra esencia, buscamos algo con lo que identificarnos. Con lo que sentir que somos… algo.

Al crecer, desde pequeños, fuimos construyendo un sentido de identidad centrado en nuestra mente y nuestros pensamientos.

Nos hemos hecho eco de la declaración cartesiana “pienso, luego existo”. Inevitablemente, al identificarnos intensamente con nuestra mente, hemos vivido el efecto “pienso, luego sufro”.

De ahí que un pensamiento como “no soy merecedor”, se convierte en la experiencia de la ilusión de una falla existencial. La idea desde la que a veces podemos sentir que, con nosotros, la Existencia se equivocó.

Buscando equilibrar el asunto, pero atrapados en la idea “mi mente soy yo”, le hemos dado fuerza a otro mito: la mente puede y debe controlarlo todo; mi supervivencia depende de ello.

Sin percatarnos, en desconexión con nuestra Alma y la verdadera naturaleza de la vida, hemos cargado a nuestra mente con algo para lo que está totalmente incapacitada: controlar el afuera y predecir cómo las cosas van a suceder.

Pasamos a creer que “si tan sólo aprendiera a controlar mi mente lo suficiente, todo cambiaría”. Y con eso, a la lucha ante la vida, hemos sumado la batalla por conquistar nuestra mente.


¿Te das cuenta cómo al vivir sumergido en esas ilusiones, la paz, la plenitud, la libertad y la felicidad sólo pueden acompañarte —cuando mucho— a ratos?


No sólo eso. Encontrarnos con las circunstancias de la vida, incluso con la familiaridad de nuestra cotidianidad, puede sentirse pesado.

Es fácil, desde haber absorbido la tendencia cultural a dar las ilusiones por ciertas, que podamos sentirnos victimizados. Víctimas de nuestras emociones, pensamientos y circunstancias.

Desde esas ilusiones, es común encontrar experiencias de estrés, depresión, desesperanza. Y sentir una presión por el sólo hecho de estar ante una vida que, de alguna manera, creemos que tenemos que saber controlar.

Sumergidos en las ilusiones, la vida es densa. El resentimiento por el pasado y la preocupación por el futuro, es parte del modus operandi.

Encontrarnos en estas ilusiones es parte del juego humano. Estas son, aunque pueda ahora parecerte ajeno sentirlo así, un contexto fascinante y maravilloso desde el cual reencontrarte con la Verdad de Quien Realmente Eres, y con la verdadera razón por la que estás aquí en esta vida.

Las ilusiones no son malas. Ni confundirlas con la naturaleza de la realidad es una falla. No dicen que seas menos. Al contrario.

Apuntan a la aventura que, como ser espiritual viviendo esta experiencia humana, has escogido vivir.

La aventura de despertar. De recordar. De reencontrarte. De expandir tu consciencia más allá de las ilusiones, para disfrutar la experiencia directa de vivir desde la conexión y sabiduría de quién realmente eres.

Como puedes imaginar, cada ilusión implica que hay otras formas radicalmente diferentes de abrazar la vida. De sumergirnos a disfrutar el ahora en la profunda apreciación de la presencia siempre libre y plena que somos.

Cada ilusión es, en el fondo, una invitación a salir de la carrera interminable por la aparentemente inalcanzable felicidad. Reconociendo que la felicidad, la paz, la plenitud, no se alcanzan en ningún después, ni serán el producto de ningún afuera.

Despertar de las ilusiones es sólo la mitad de la aventura. Pero basta para comenzar a abrirnos a…

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