Correos con historias que mueven

Este regalo no ocupa espacio, no pesa, te lo puedes llevar puesto, y le agrega valor a tu vida.

Son historias que escribí como parte de la campaña educativa previa al inicio de la 11ava. edición del Programa Online «Ser[Padres]Conscientes».

Historias reales que escribí y envié por email, con sentido de propósito, valiosos enfoques, y miradas que activan, mueven y, si se usan, expanden la perspectiva tanto individual como acerca del rol parental (han sido ligeramente editados para que queden solo las historias, sin las menciones promocionales al programa que inició el 25 de Julio).

Tabla de contenido

Dolería… si no me hubiera preparado

En este enlace te dejo la música que escuché en loop mientras escribía estas sentidas palabras. Así quizá compartamos la onda del sentimiento

Mi hijo tiene 17 años y, no te engaño, tengo mariposas en el estómago de cara a que pronto… saldrá a volar al mundo solo.

Ese es su deseo.

Hacerlo pronto. A sus 18, seguramente.

Ser autónomo.

Probar sus alas.

Y es que el llamado de la naturaleza se ha activado.

Las mariposas que siento, no son de miedo.

Son de… no sé bien cómo describirlo porque cada día uso menos palabras para interpretar mi mundo interno, pero diría que es un poco de tristeza, sí, porque no disfrutaré de su cercanía… y otro tanto de emoción por su aventura, por el privilegio de haber sido parte de su historia, y porque ahora la leeré desde otro lugar, mientras él descubre más de quién es.

¡UF! Como agradezco haberme preparado conscientemente para este momento.

No es poca cosa.

Es el final de una manera de relacionarme con la persona que ha sido la más importante en mi vida (además de mí, sin arrogancia sino consciencia y responsabilidad).

Y es el inicio de una nueva vida para esa persona.

(I’m not crying… you’re crying) 😢


Cuando yo tenía casi 19 años, mi papá me puso las maletas en la puerta.

Literalmente. Y no de una manera bonita y empoderadora.

No porque confiara en mí y me estuviera invitando a desplegar mis alas.

Sino desde el poder y el control desde el que nos crió a mí y a mis hermanxs.

Y porque yo no hacía las cosas a su manera.

Yo quería irme, sí.

Pero no así 😳 a los empujones.

Dormí dos semanas en mi carro, un Renault 5, en el estacionamiento del edificio donde vivíamos, porque no tenía a dónde irme.

Cuando lo veía salir a su oficina, yo subía a la casa.

Mi mamá me abría la puerta.

Yo me duchaba, desayunaba rapidito, me cambiaba de ropa y me iba a mi trabajo.

Hasta que conseguí a dónde mudarme.

Y así empezó mi “adultez”.

A los coñazos.

Con mucho dolor, rabia, impotencia, miedo, y sentimiento de inmerecimiento engatillado.


El inicio de la adultez de mi hijo será muy distinto, de una manera positiva y amorosa.

¿Por qué?

No hay UNA sola razón. Son múltiples.

Desde mi perspectiva, hay razones de índole espiritual. Y otras de índole humano.

Una muy relevante en lo humano, es que yo hice algo que mi papá nunca supo que necesitaba que hacer: educarME. Para vivir, para amar, para criar.


Afortunadamente, después de una larga historia de amor-odio-indiferencia-aceptación y, finalmente, la experiencia sublime del Amor-Consciencia, puedo decir que no culpo a mi padre por haberlo hecho como lo hizo.

¿Que habría agradecido que mi infancia hubiese sido diferente?

¡UF! Sin la menor duda.

Después de haber trabajado intensamente mi equipaje emocional, llegué a la paz de saber que él hizo lo que le era posible con lo que tenía.

Y con lo que me dio, yo hice como individuo también lo que pude… con el detalle de que yo busqué siempre más. Y más. Y más.

Como mamá, he hecho lo mismo: lo mejor que he podido con lo que sé.

Es lo que, al fin y al cabo, hacemos todos: movernos a partir de donde estamos.


A diferencia de cuando mi papá me crió, cada día es más difícil escondernos del hecho que podemos aprender y saber más.

No podemos negar que hay caminos, formas, vías, recursos, para saber más de mucho, incluyendo sobre el rol de «ser padres», y hacerlo con más consciencia.

Especialmente hoy día, no educarnos para ejercer el rol de padres, es una irresponsabilidad mayúscula.

Una arrogancia fenomenal.

No voy a ponerle stevia al tema ni pretender que no estoy emitiendo un juicio de valor.

ES un juicio.

Y no por ello deja de ser una verdad.


⚠️ Durante las próximas dos semanas voy a compartir cada día un correo con mi mirada acerca de la crianza consciente que yo practico y enseño. Mi intención con ellos: promover despertar… mostrar posibilidades… y provocar el deseo de evolucionar como padres.

A través de historias te voy a ir mostrando conceptos, distinciones, principios y perspectivas que te ayuden a conectar a la parentalidad desde una mirada un poco más expandida.

Porque como siempre digo…

«Somos los Padres que Somos Desde los Individuos que Somos»

Y es cuando nos intervenimos como individuos, que nuestra dimensión parental florece.


✅ Si me permites seguir, nos vemos mañana nuevamente en otro correo, con un tema al que yo me aproximo desde una perspectiva que verás muy poco entre quienes hablan de crianza: las heridas de infancia.

Te contaré mi perspectiva actual sobre ellas, por qué eliminé ese concepto de mi página web, por cuál lo sustituí, y qué podemos hacer con el legítimo dolor que experimentamos en la infancia.


¿Te movió la canción?

Yo la tengo en loop.

Hasta mañana.

Evelyn

p.d. no importa la edad de tus hijos, después de leer este correo, hazme caso: dales un abrazo tan apretado como te dejen y no les digas ni una palabra. Que tu abrazo les diga todo. Créeme. El recuerdo de esos abrazos te hará falta algún día…💛

De niña, escondí esto por muchos años

Yo tenía unos 7, 8 o 9 años y sin importar cómo iba vestida, recuerdo que siempre usaba medias (calcetines).

Las usaba porque guardaba un secreto en ellas.

Era un secreto que me daba seguridad.

No buscaba protegerme del frío, no.

No importaba la temperatura, la pequeña Evelyn usaba medias.

Si algún día se me olvidaban, corría a la habitación a ponérmelas apenas me daba cuenta.

Y corría también a poner dentro, entre la media y mi pie, lo que escondía.

Algo que nadie sabía. Ni lo supieron por muchos años.

Es más, no recuerdo si se lo dije a mis hermanas o mi mamá alguna vez.

A mi papá, ni pensarlo. Precisamente por él es que lo hacía.

Lo que escondía dentro de mis medias era…

Una moneda de 25 centavos

No era una moneda especial que alguien me había regalado. No tenía ningún significado.

Podía ser cualquier moneda de 25 centavos.

Siempre y cuando pudiera hacer con ella… una llamada telefónica si era necesario (sí, sí, cuando yo tenía esa edad aún existían los teléfonos públicos en la calle).


Te explico.

Mi papá —a quien no quiero, busco, ni pretendo pintar como una mierda, sino como un hombre que no sabía que no sabía… un individuo inconsciente— en varias oportunidades nos amenazó a mis hermanas y a mí con “dejarnos en los ranchos”, por malagradecidas, por no apreciar —según él— todo lo que teníamos.

Los “ranchos” eran las casas de los barrios pobres. Algunas, en zonas de cierto peligro.

Su idea era que si vivíamos (o al menos creíamos que viviríamos) una experiencia con menos privilegios, aprenderíamos a apreciar los que ya teníamos.

Digamos que según su “lógica”, el concepto era “lógico”. Pero en la práctica, su mirada era disfuncional, desproporcionada, y hasta cruel.

Alguna vez paró el carro al lado de un barrio y, abriendo la puerta, nos decía “Se me bajan ya mismo aquí, para que vean lo que es una vida dura, a ver si aprecian lo que tienen”.

En otra ocasión, en plena discusión en casa, nos hizo salir en pijama, hasta el estacionamiento del edificio donde vivíamos, para hacernos creer que íbamos al carro y nos iba a llevar “a los ranchos”.

Yo, siempre lista con mis medias puestas 💪🏼🧦🧦 porque allí guardaba la moneda con quien llamaría a alguien para pedirle que nos regresara a casa.

Luego nos “perdonaba” y nos decía que ”esa vez no lo iba a hacer, pero que a ver si aprendíamos”.

La Evelyn de 5 años.

¿Para qué te cuento estas historias?

Para mostrar un tema que corre por las venas de la infancia.

Y que es necesario explorar, trabajar y resignificar si queremos tener una adultez —y parentalidad— funcional.

El tema son las llamadas «heridas de infancia».

Pero vamos sin drama, ¿vale?

Dame un momento y te cuento por qué dejé de llamarlas así: «heridas», cómo dejé de relacionarme con ellas desde el dolor, y qué hice finalmente con las mías.


Dejemos de lado por un momento el tema del nombre «heridas». Es altísimamente probable que, lo sepas o no, tú tengas las tuyas. Las llamemos como las llamemos.

Nadie se escapa de la experiencia de vivir situaciones que pueden doler, incomodar o causar algún tipo de efecto.

Vienen en diferentes modelos, estilos, tipos, colores, niveles de profundidad e intensidad.

A veces tienen cara de insuficiencia.

Otras, de exceso.

Hoy día, en lugar de heridas yo las veo hoy como…

🧳 Equipaje emocional.

Y lo que hagamos con ese equipaje, tiene la capacidad de inclinar la balanza de nuestro bienestar, nuestro despertar, expansión y evolución, en una dirección o en otra.


POR QUÉ DEJÉ DE LLAMARLAS «HERIDAS»

Quiero aclarar que esto es una analogía, una referencia, no un modelo cognitivo, y que yo no soy psicólogo.

Lo que tengo es una larga y profunda experiencia en el tema, desde la búsqueda de la sanación de una niña que se sintió muy, pero muy herida.


Vamos con algunos hechos.

Fuimos niñxs.

Tuvimos experiencias ante las que llegamos sentimos incómodos, dolidos, incompletos, confundidos, temerosos, abandonados, y tantos etc.

En conclusión: heridos.

No cataloguemos las experiencias como válidas o no, grandes o pequeñas, tontas o profundas, pocas o muchas.

Pensemos simplemente que son experiencias ante las que nos sentimos heridos cuando éramos niños.

Punto. Vale.

Sucedieron. No se atendieron. Se sumaron nuevas. Se acumularon. Pasó el tiempo.

Y así… esas experiencias de sentirnos heridos dejaron improntas. Marcas. Costras. Huellas.

Dejaron un “algo” en nosotros que… si no se le prestó la atención que pedía, si no se tomó el mensaje que traía, seguramente quedó con el status de «pendiente».

Con el paso del tiempo, a ese pendiente se le van pegando y montando capas de interpretaciones, significados, historias, mentiras e ilusiones producto de la herida inicial + la distorsión del recuerdo + la mezcla con otras experiencias similares de dolor.

Lo cierto es que llegamos a la adultez, y el pendiente sigue pendiente, y esa “herida” es un mezclote, un engrudo, un patuque.

A veces con un impacto mayor. Otras menor.

Pero… nos acostumbramos a tenerla.

Y, alrededor de ella, tenemos toda una historia armada desde la que hemos construido una identidad: la de la víctima o superviviente de algo.

Tenemos culpables… tenemos una narrativa que nos protege y justifica… tenemos críticas… juicios… toda una novela.

Y no lo digo con desdén crítico.

Lo digo en serio.

El punto es que mientras insistimos en definir e interpretar esos recuerdos como “heridas”, los conectamos a dolor y hay, implícitamente, una carga de ser víctimas de algo que nos hirió.

¿Me explico?

En cambio, cuando conectamos a esos hechos que en su momento fueron dolorosos, ya no desde la mirada del niño o niña heridx, sino del adueñamiento, de la curiosidad, de la apertura, y cuando los utilizamos como un vehículo de expansión de la mirada, como un canal de evolución… se convierten en un equipaje emocional con el que podemos relacionarnos más livianamente.

Porque un equipaje no necesariamente implica dolor.


¿Vas viendo que lo que empezó como una experiencia de dolor en la niñez, sin darnos cuenta, de tanto tiempo de arrastre y distorsión se va convirtiendo en una historia que “duele cuando se recuerda”, pero no porque la estemos realmente experimentando dolorosa en este momento?

Es una suerte de ilusión óptica pero a nivel de memoria.

Lo que pasa es que nos la creemos, la repetimos y la vivimos y asumimos como una verdad.

Desde esa imagen herida de nosotros mismos, es que llegado el momento de ser padres… reaccionamos.

Porque, recuerda…

Somos los Padres que Somos Desde los Individuos que Somos

Y si “creemos” que somos víctimas y estamos heridos… o ni siquiera estemos conscientes de que estamos arrastrando esas “heridas”… desde allí es que seremos padres.

Y pareja.

Y profesionales.

Y ciudadanos.

Y todo lo demás.


Creo que me encadené con este correo 😬 y como hay suficiente contenido para ponerte a explorar tú-contigo, te dejo por hoy.

Mañana te contaré cómo dejé de relacionarme con mis «heridas» desde el dolor.

Quizá lo que comparta contigo te de pistas para atender alguna que otra herida que quizá sientas que tienes engatillada.

La liberación y el proceso de expansión que se abrió en mi vida cuando resignifiqué mis heridas fue no solo una experiencia sanadora sino el inicio de una nueva vida.

Literalmente.


Es un privilegio que me leas.

Gracias por dejarme entrar en tu vida.

Un abrazo de corazón a corazón,

Evelyn

p.d. si quieres leer un poco más sobre la filosofía de la crianza consciente que yo practico y comparto en el Programa Online Ser[Padres]Conscientes, te invito a leer aquí.

No podría haber diseñado ese programa, y haber conducido ya 10 ediciones, si siguiera amarrada a mi dolor de niña. Me habría sido imposible.

¡Ah! Y si encuentras la palabra herida en la página, hazme saber, please. Cuando remodelamos la página hace unas semanas, creo que las eliminamos todas para que estuviera aún más alineada, pero quizá alguna se escondió de nosotros jeje

…y así fue como mi herida dejó de doler

La historia de hoy sobre cómo dejé de relacionarme con mis «heridas» desde el dolor, es continuación de la que te envié en el correo anterior.

Si no lo has hecho ya, sería ideal que primero leyeras ese correo, para entender el antes-y-el-después en mi relación con este tema.

Mi intención al contarte estas historias, es que tú puedas rescatar para tu uso personal lo que resuene y te sirva en tu propio viaje.

No tengo muchas fotos de otras Evelyn. Pero en esta época, mi equipaje emocional se manifestaba mucho en temas de pareja.

Esto de relacionarme con mis heridas como «equipaje emocional» y no como “heridas” (como te conté ayer), empezó sin yo saberlo a mis 19 años, luego que mi papá me botara de la casa (historia que te conté en el primer correo de esta serie).

Empecé a ir a psicólogo tras psicólogo para encontrar respuestas a por qué mi papá —a quien yo veía como victimario— había sido el papá que fue y me había herido.

Queda claro que yo lo veía como victimario.

Lo que me dejaba a mí en el papel de… víctima.

Pero no me imagines como una débil florecita que lloraba por los rincones. Yo era una de esas víctimas cuatriboleadas, que podían con todo 🤦🏻‍♀️

Operar desde ese sentir generó lo que tenía que generar: una experiencia de espiral descendente en la que mis vivencias estaban filtradas por definiciones que perpetuaban esa experiencia de victimización.

Es decir: más y más de lo que yo no quería.

Por cierto, ese fenómeno de espiral descendente-filtros-repetición es bastante similar en todas las experiencias victimizantes.

Así fue pasando el tiempo y se iban acumulando vivencias que yo experimentaba como dolorosas.

Era una historia sin fin, independientemente del “empaque” en el que vinieran: a veces eran historias con parejas; con mi auto-imagen; en el área profesional; con las amistades o mi familia.

El tema era que como música de fondo en mi vida siempre había un “tema”, un problema, un peo, una crisis. Un algo que no fluía.

Por algún lado se me salía lo de ser víctima de algo.

Pero… ALTO:

¿Te das cuenta que no era que todavía tuviera “abierta” la herida de mi infancia, sino que lo que estaba haciendo era alargaaaaaaaaaaar y rerere-pepepe-tirtirtir el recuerdo/historia sobre la herida que una vez tuve?

Touche!

Sí, de niña me sentí herida. Vale. No había nada que pudiera hacer para que lo que sentí no lo hubiera sentido. Había tema para explorar pero nada para cambiar.

Ya de adulta, lo que estaba haciendo era guardar ese recuerdo en una maleta, etiquetarlo como herida, y cargar ese equipaje conmigo a todas partes.


Por razones que sería muy largo explicar, yo había separado mi interés y búsqueda espiritual que comencé temprano en mi adolescencia, de mi mirada sobre lo psicológico y emocional.

Eran como dos mundos distintos.

Afortunadamente, mantuve ambos lo suficiente para que después de tanto trabajo, de tanta lectura, visitas a psicólogos y cursos de toda vaina… mi búsqueda fue cambiando.

Mi mundo fue expandiéndose. Mis intereses ampliándose.

Hasta que hice consciente que… ya no estaba buscando comprender a mi victimario o sanar o dejar de sentir dolor…

Lo que buscaba era PAZ y EVOLUCIÓN.

Después de lo que había ido descubriendo, lo que quería era despertar de las ilusiones, mentiras e historias en las que sabía que había estado sumergida.

Como la mayoría de los humanos.

Ese cambio de foco fue trascendental y definitivo en mi película —y si resuena y te hace click, quizá sea la pieza que rompa la cadena con la que te amarras, alargaaaaaaaaaaas y rerere-pipipi-testes tu recuerdo/historia de dolor.

Ojo con lo que sigue porque esto se presta —como todo— a interpretaciones personales que no siempre reflejarán lo que busco transmitirte.


Verás, yo me adueñé de la perspectiva que estaba usando y de que el papel de víctima lo estaba reforzando YO día a día con mi perspectiva.

Así que decidí dejar de poner el foco en la dupla víctima-victimario, en el dolor, en la historia que me contaba, en el pasado, en lo que no quería, en aquello de lo que quería huir.

Me enfoqué en ir hacia lo que resonaba, lo que me llamaba, lo que de solo pensarlo expandía mi pecho y me conectaba a “algo” más poderoso, más liviano, más amable… porque conectaba al amor.

Y una vez que me moví a un espacio de liviandad, de nuevas definiciones y distinciones, de nuevo foco, es que pude explorar y relacionarme con mi pasado, recuerdos e historias sin sentirme víctima.

La vuelta a la tortilla, pues.


Empecé a observar mis heridas e historias “fuera de mí” (desasociadas de Quien Realmente Soy).

A verlas como mis objetos de estudio, en una maleta junto a muchas otras piezas de mi rompecabeza personal.

Me adueñé del trabajo de re-construcción de mi mirada del mundo, de mis perspectivas, y mi paradigma de vida.

En el presente. Como adulta que era en cada ahora.

Comprendí que padres e hijos tenemos acuerdos del alma y que nos servimos mutuamente de cara a un propósito evolutivo.

Acepté que mi padre y mi madre fueron los que yo necesitaba, no los que la mente/ego de Evelyn quería.

Y de pronto me di cuenta que… ya no dolían los recuerdos.

Que tenían sentido.


El viaje no tiene por qué ser igual para ti.

Pero quizá en mi historia haya elementos que puedas tomar para cuestionar las historias que te has ido contando sobre tu infancia, el pasado, las heridas… y lo que, desde tus ojos, puede haberte «hecho sufrir».

Para darte cuenta que en este ahora, sin importar la edad que tienes, tus circunstancias o… tu historia, este ahora te ofrece la oportunidad de interpretar distinto tus memorias, de darle nuevo significado a muchos de los cuentos que te cuentas, de cuestionar lo que hasta ahora has dado por sentado.


Despertar como individuos ES el camino que nos conduce a despertar como padres. Y como hijos (por aquello de que la «hijez» es para siempre 😉).

Porque… Somos los padres que somos desde los individuos que somos.

Despertar como individuos ES también el camino que nos conduce a despertar como pareja, como profesionales, como amigos, como ciudadanos.

Como humanos. Como especie.


Podemos honrar el pasado sin dolor. Podemos despertar y liberarnos para desde esa nueva experiencia, no heredarles historias a nuestros hijos, y permitir que ellos creen las suyas sin el arrastre de nuestro pasado.

Sigamos haciendo el trabajo.

Volveré pronto con más Live en Instagram, con más correos y con más recursos.

Happy day,


Evelyn

…esta foto habla de esperanza y vientos de cambio

Vientos de cambio.

Eso es lo que siento cuando veo que mientras escribo estas palabras Domingo 12 de Julio a las 8pm— son más de 43.000 personas —(edición: al Domingo 26 de Julio cuando publicamos esta página— ya son más de 58.485) las que han conectado al Live que hicimos Arianna (@arianuchis) y yo hace tres días.

Siento esos vientos de cambio, no porque particularmente 43mil (o 58mil) personas sea “mucha“ gente. Todo es relativo.

Ni porque la cantidad de personas nos defina de alguna manera.

Seguramente otros Live han tenido números mucho más elevados.

Son vientos de cambio porque este live, que trató un tema que popularmente no arrastra, no es cool y no tiene rating, generó un movimiento infrecuente de personas que se sintieron movidas, tocadas y llamadas a escuchar.

Me han compartido muchos mensajes de personas que usaron el Live para abrir conversaciones en pareja y con familiares. ¡Gracias por eso!

La conversa en el Live, fresca, auténtica, cruda y sentida, giró alrededor de:

  • la relevancia, trascedencia y urgencia de educarnos para criar.
  • la cercanía entre la crianza y la espiritualidad.
  • lo indispensable de intervenirnos como individuos, para ejercer como padres.

Después de muchos años de hablar yo del tema de la crianza desde esa perspectiva, y sentir que pocos escuchaban, el número en esta imagen me habla de esperanza:

Yo no sé cuántas de esas +58.485 personas…

  • realmente vieron el Live completo.
  • conectaron a la profundidad de lo que allí compartimos, más allá de los cuentos que echamos, las risas, y las lágrimas finales.
  • habrán descargado la Guía gratuita de Exploración Dinámica «Amar No Es Suficiente» ¡y cuántas trabajarán con ella después de tenerla en su poder para verSE de cerca!
  • decidirán, por la vía que más click les haga —sea la que yo ofrezco u otra opción— para ahondar en su viaje de despertar como individuos y padres.

Lo que sí sé es que cada día hay más personas, como Arianna, que escuchan el llamado a trascender sus heridas de la infancia, y sus historias e ideas preconcebidas sobre la parentalidad, para adueñarse en el aquí y el ahora de su equipaje emocional, y de la responsabilidad que tenemos —como individuos, como padres, como parte de una sociedad y de la humanidad— de evolucionar.


El poeta y místico Sufí Rumi, dijo:

Cuando haces las cosas desde tu alma, sientes un río moviéndose dentro de ti.

No dudo que Arianna, ya hacía muchas cosas desde su alma: sus cautivantes fotografías, sus fascinantes viajes, sus escritos sentidos, su vida wild.

Esta y otras fotos grandiosas las encuentras en FotosArianuchis.com

Pero en el Live, ella cuenta que una “lógica aplastante” —que la hacía sentir segura y confiada— se estaba ”comiendo” la conexión con su inteligencia espiritual.

Y el río que se movió dentro de ella, como dijo Rumi, y que activó la transformación… fue su hijo: Río 💙


Desarrollé los «Tres Pilares de la Crianza Consciente» desde mi experiencia personal como hija, como mamá de un adolescente de 17 años, y como facilitadora de ya 10 ediciones del programa online «Ser [Padres] Conscientes»​

El tercer pilar: «Expandir nuestra consciencia espiritual» incluye los inescapables acuerdos del alma entre padres e hijos, concretados a planos elevados de Consciencia.

Cuando empezamos a comprender que la relación padres-hijos es absolutamente caUsal y no casual, nos vemos llamados a iniciar un viaje de despertar como individuos que inevitablemente influirá en nuestro rol parental porque, como digo una y otra vez…

Somos los Padres que Somos DESDE los Individuos que Somos


Cada individuo tiene su particular acercamiento a ese despertar.

Lo crítico es ocuparnos intencionalmente.

De la forma que resuene en ti y contigo, pero ocuparte.

Hacer “algo” que de forma consistente nos mantenga activos y presente en ese viaje.

Estos tiempos globales de confusión pandémica, han acelerado los procesos de evolución. Está quedando cada día más claro que no atender nuestro espacio interno, no actualizar nuestro modelo del mundo, no elevar nuestra perspectiva, no despertar… nos deja desnudos y listos para ser manipulados y sentirnos víctimas del afuera.

Todo ello, por supuesto, afecta negativamente la relación con los eslabones más débiles que, generalmente, son nuestros hijos.

Esa necesidad imperiosa de despertar que se ha evidenciado en los pasados meses de forma tan escandalosa, fue lo que hizo que le sumáramos por primera vez, a la pasada edición de «Ser [Padres] Conscientes» unos profundos Encuentros Especiales de Apoyo Expansivo para tratar temas no-parentales y atender la dimensión como individuos más allá de los temas “de hijos”.


Es mi genuino deseo que las historias en estos correos, los #LiveConAlma que estoy compartiendo, el contenido en SerPadresConscientes.com y todo lo que comparto a diario en IG @elpoderdeser no solo active tu deseo de educarte como mamá o papá… sin que te inspire a iniciar, reforzar o profundizar tu viaje personal de despertar, expansión y evolución.

La humanidad no tiene copia de seguridad.

Y nos necesita a todos.

¡Seguimos!

Un abrazo de corazón a corazón,

Evelyn

p.d. quizá quieras activar notificaciones en tu teléfono para poder aprovechar los Live en vivo. A veces IG no está dejando grabarlos 😡Cada invitada trae una perspectiva única y todos valen el tiempo invertido.

Yo quería esto, pero obtuve algo TAN distinto…

Cuando estaba embarazada, a mis 36 primaveras, ya tenía yo mucho tiempo en esto del interés por lo espiritual.

Y cuando me imaginaba ya con mi pequeño hijo en brazos, jugando, paseando o disfrutando juntos… veía en mi mente… a un pequeño buda 😑

Me atrevo a decir, por lo que recuerdo de aquella Evelyn, que de verdad no era un tema de ego.

Al fin y al cabo, ser la “mamá de un pequeño buda” no me hacía ni mejor ni peor que ser la “mamá de un pequeño Messi”.

O de un “pequeño Eric”.

Que es lo que fui ✨

Pero esa era mi preferencia, por así decirlo. En mi fascinación por el mundo espiritual, yo quería que todo en mi vida estuviera tocado por ese halo.

Como de lo que quiero hablarte hoy es de las fucking expectativas en la crianza, adelantaré la película 17 años, para llegar más pronto al punto.

Hoy día, mi hijo de 17 años —de quien no comparto fotografías porque así él me lo ha pedido, y se lo respeto— le gusta el daytrading y la abundancia financiera por las oportunidades que abre; le interesa la política, la geografía, le fascina la historia…

Y su pasión son los video-juegos.

No FIFA, no. Ni hablar de Fortnite. Sino los otros.

Esos que tantos padres temen y quieren evitar que sus hijos lleguen a ellos: GTA, Battlefield, Witcher 3.

Y el más esperado de todos los tiempos… Cyberpunk 2077.

Pero también ha invertido incontables horas de su vida en juegos de estrategia como Europa Universalis, por ejemplo —que es como aprendió de historia y geografía más de lo que podría haber aprendido en el colegio.

En fin… que de buda, nada.

A sus 17 años, aprecia y reconoce el valor de la influencia que ha sido la mirada espiritual profunda que he compartido con él toda su vida, y los principios desde los que lo he criado.

Sabe que mucho de su mirada hoy día es la que es, porque ha recibido lo que ha recibido.

Y ahora, en mezcla perfecta con quien él es… decidirá qué hacer con ello.


Y… ME FUI METIENDO LAS EXPECTATIVAS POR DONDE ME CABÍAN

De yo haber insistido en mis expectativas, todos habríamos sufrido.

Afortunadamente me di cuenta pronto, porque habría sido injusto, disfuncional, tenso, doloroso, y frustrante.

Yo me habría perdido de la belleza de un ser único que se desarrollaba frente a mis ojos, y no habría cumplido con mi propia definición de crianza consciente:

Acompañar, sostener y promover que nuestros hijos vivan SU verdad y NO la nuestra.

Y él nunca habría desarrollado confianza en su valor, su poder, y su fuerza.

Y aunque en la adolescencia todos esos elementos suelen ser aún débiles por estar en plena formación, sé que él vive y vivirá el viaje que necesita vivir.

Siempre es así.

Para todos.


Ahora, gran detalle…

Soltar expectativas nos “fuerza” a hacer de forma sostenida el trabajo de desarrollar la mirada que nos permita, oportunamente, ser capaces de soltarlas sin sustituirlas convenientemente por otras.

Y es aquí donde entra, una vez más, el principio que atraviesa todo mi programa «Ser [Padres] Conscientes»: somos los Padres que Somos DESDE los Individuos que Somos.

Si como individuos no hacemos el trabajo de ir despertando… como padres no podremos ejercer ese rol desde un nivel más expandido de consciencia.

Porque no somos dos entes separados.

Yo no soy Evelyn separada de la mamá de Eric. Tú tampoco vives tu dimensión individual, separadx de tus otros roles (hjjx, papá o mamá, profesional, colega, ciudadanx).

Así como tampoco… somos un humano separados del Ser Espiritual que Realmente Somos.

Y desde la inconsciencia, no nos daremos cuenta de las expectativas que cargamos sobre los hombros y el camino de nuestros hijos.

La cotidianidad, la logística, el saber cómo acompañarles en una pataleta, tener claridad de cómo responder cuando muerden o golpean, saber sentar límites respetuosos, tener a manos las preguntas idóneas para hacerles o las respuestas a darles… todo eso es sin duda muy importante, valioso y necesario.

Pero si no hacemos consciente la estructura, la fundación desde la que operamos como individuos, y que se refleja en nuestro rol de padres… ninguna forma ni consejo parental podrá compensar el impacto silente de nuestros paradigmas ocultos.

Fondo por sobre Forma.

Siempre será el camino más directo a las verdades del alma.

Y mi verdad del alma es compartir, sumar y servir a quien resuene, tanto como esté abierto a recibir lo que tengo para dar.

Para algunos, estos correos, la Guía gratuita de Exploración Dinámica «Amar No Es Suficiente», mis posts en IG @elpoderdeser sobre expansión de consciencia y despertar espiritual, mis Live… será suficiente.

Gracias por tomarlo.

Un abrazo de corazón a corazón,

Evelyn

Hoy es un día especial para las ovejas negras (como yo)

Hoy es un día especialmente especial… y sentí que mi correo de hoy necesitaba reflejarlo también de forma especialmente especial.

Quizá tienes presente que hoy Miércoles 15 de Julio abrieron las puertas de registro a «Ser[Padres]Conscientes» y ello significa que hay vidas que cambiarán significativamente.

Ellos no lo saben con claridad.

Yo sí 😎

Atreverse a vivir una experiencia como la que «Ser[Padres]Conscientes» representa, y educarte para criar, mirarTE, e ir más allá de las apariencias es hacerlo diferente ir contra la narrativa cultural correr el riesgo de abrir una caja de pandora.

No, no te estoy desalentando a vivir el el programa si lo has considerado jajajaja

En todo caso, es justo lo contrario ¡te estaría honrando y celebrando!

Y por eso este correo habla de las ovejas negras y de la idea de explorar a qué queremos o no pertenecer.

Siempre tuve una relación extraña con eso de «pertenecer» a una manada, a un grupo, a una comunidad.

Era como que sí quería… pero no.

Y es que lo que yo realmente quería era que me gustara querer pertenecer.

Pero en el fondo-fondo-fondo… no, no me gustaba.

No sentía que lo necesitara.

Y la verdad es que no, no quería.

Y aún hoy día, no, no quiero.

Apuesto a que somos unos cuantos los que hemos vivido una experiencia similar.

Incluso es posible que alguien se de cuenta mientras lea este correo que, a diferencia de ciertas corrientes, el pertenecer a un grupo no es, por sí mismo, garantía de bienestar.

Pertenecer, es una posibilidad abierta.

No una obligación.

Ni algo que “tengamos que hacer” por miedo a… «no pertenecer», a ser dejados por fuera, a estar solos.

Como si la soledad fuera de temer…


Te describo algunas historias que viví a ver si te hace click.

Y si es así, seguramente te hará sentido mi invitación final.

Mi mente decía que era cool pertenecer al grupete de las amigas en el colegio… pero yo no me reía de los mismos chistes, ni me parecían interesantes los mismos temas que a ellas.

Mi mente decía que era conveniente hacer los trabajos “en equipo” en la Universidad… pero yo prefería hacerlos sola porque las discusiones para ponerse de acuerdo eran larguísimas.

Mi mente decía que era más seguroy moderno salir de tragos en grupo… pero me fastidiaban las esperas por los demás, las preferencias tan disímiles, y ni hablar de los espacios oscuros, atestados de gente, y la música altísima que impedía conversar.

Mi mente decía que sería útil y amoroso tener un grupo de mujeres y mamás cerca cuando salí embarazada… pero yo me sentía tan bien y completa en la experiencia íntima y solitaria de mi preñez.

Aunque no me di cuenta entonces, ni lo llamaba así, afortunadamente pronto en mi historia me di cuenta que mi mente y “yo” no éramos los mismos.

Me encontré dejando de hacerle caso (a mi mente) en muchas ocasiones.

Con más y más frecuencia me encontraba tomando decisiones en nombre de mi corazón, no de las historias que me contaba la mente, del miedo, el ego o las costumbres.

Pero eso hizo que los amigos, la pareja de turno, la familia, colegas… y lo que sentí como “la vida”, me pasara facturas por “rebelde”… “distinta”… “a-normal”.

Por ser la… oveja negra.


Y resulta que las ovejas negras no son tan únicas, ni especiales. Ni tan a-normales.

En algún momento y en algunos espacios, todos somos ovejas negras.

«No pertenecer» ha sido una experiencia presente a lo largo de mi historia personal.

No lo busqué intencionalmente.

No era un tema de rebeldía sin causa.

Era rebeldía con causa.

La causa era la fuerza y potencia de mi voz interna. Era el llamado de mi verdad.

Y es que a veces nuestro fuego interno es apaciguado y contenido durante la infancia, por el poder de los padres, la escuela, la religión o los ambientes limitantes, represivos y controladores.

Cuando vamos creciendo… ya no notamos cuánto ha mermado nuestra voz.

El asunto es que como «Amar No Es Suficiente», no hace falta que haya una intención negativa para que la experiencia y el resultado en muchas relaciones, sea la agresión. Porque…

Es violencia y agresión impedir e interrumpir la expresión de nuestra verdad.

Lo que diga la familia, la lealtad a nuestra crianza, los amigos, la narrativa cultural y social… no son la causa de que no vivamos nuestra verdad.

Es desde la renuncia ciega a nuestro derecho y el miedo a las consecuencias que nos dejamos someter.

Vivir un viaje de despertar y expansión de consciencia es lo que permite que nos adueñemos de la verdad detrás de nuestra forma de responder ante la vida.


¿QUÉ TIENE QUE VER TODO ESTO CON EL TEMA DE LA CRIANZA CONSCIENTE QUE HE VENIDO COMPARTIENDO?

TODO.

Porque desde la búsqueda automática de pertenecer, sin cuestionar nuestras decisiones, sin discernir, y desde el miedo a pagar algunos precios —que nunca serán tan altos como la deslealtad a nuestra verdad—, podemos tomar decisiones parentales que le heredarán a nuestros hijos esa manera robótica de operar.

Porque, por ejemplo:

  • La decisión personal de tener hijos o no (que desde el plano espiritual es otro tema, en el cual la mente no tiene nada que decir), necesita responder a la expresión libre de nuestra verdad.
  • Parir en agua en casa con tu doula, o tener una cesárea respetada en un hospital, necesita responder a la expresión libre de nuestra verdad.
  • Criar como tu corazón pide criar a tus hijos, sin rendirle cuentas, ni justificarte, ni ceder ante quien crea que “malcrías” a tus hijos por cargarles, por no dejarles llorar, por respetar su individualidad, por no castigar ni pegar, y largos etc. necesita responder a la expresión libre de tu verdad.
  • Practicar colecho o no hacerlo, necesita responder a la expresión libre de tu verdad.
  • Amamantar o no amamantar, necesita responder a la expresión libre de tu verdad.
  • Decidir informadamente qué vacunas permitir o no, necesita responder a la expresión libre de tu verdad.
  • Desescolarizar, educar en casa o en colegio, necesita responder a la expresión libre de tu verdad.
  • Educarte para criar consciente y respetuosamente necesita responder a la expresión libre de tu verdad… y no al automático de tus lealtades, tu inconsciente y tu equipaje emocional.

Mi invitación para ti, por ti, para tus hijos y por tus hijos, a la humanidad y por la humanidad, es que hagas lo necesario para que sea la expresión libre de tu verdad la que impere.

Hacerlo, puede requerir soltar relaciones, maneras de hacer las cosas, dejar lugares, cambiar paradigmas, y sí, quizá sentirte un poco en el vacío por algún tiempo.

Seguramente, también requerirá abrazar nuevas ideas, lugares, prácticas.

Y al hacerlo es probable que, sin darte cuenta, un día te encuentres de frente con el disfrute, en resonancia, libre y en flow con un grupo que nunca te pedirá que pertenezcas a él, sino que te abrirá las puertas para que las cruces si deseas.

Y las mantendrá abiertas para que cuando quieras seguir camino, lo hagas en paz.


Cada nuevo grupo de «Ser[Padres]Conscientes» lo siento como una potente ola que fluye a su ritmo en un mar que nos contiene a todos.

Y si en algún momento decides sumarte a esta aventura de 10 semanas, no estarás “perteneciendo” obligadx y a la fuerza.

Estaremos navegando juntos.

Y si decides que no es tu momento, igual estaré cerca, ofreciendo lo que tengo para dar. Y aunque no será con tanta profundidad ni tan de cerca, seguiré honrando tus ganas de responder a la expresión libre de tu verdad.

Échate una pasada por la página, sea cual sea tu decisión final, para que leas el contenido que con tanto amor he vaciado en ella.

Si te abres a recibir, no te irás con las manos vacías de «Ser[Padres]Conscientes»

Abrazos muchos, de corazón a corazón,

Evelyn

No, no eres Tokyo de La Casa de Papel (spoiler)

El hecho que nos digan qué hay que hacer, no implica que sea suficiente para que podamos hacerlo.

Si no hemos desarrollado las habilidades necesarias o no tenemos las perspectivas que se requieren, ya podemos conocer la teoría… que no necesariamente podremos aplicarla.

Esto aplica a muchos temas en la vida.

Vamos, como a Tokyo, en «La Casa de Papel».

Pero si lo llevamos al tema que he estado compartiendo en esta serie de correos educativos sobre crianza consciente nos damos cuenta de por qué se nos dificulta tanto la tarea de criar.

No te sientas mal si sabes qué es lo que “hay que hacer” pero te encuentras no haciéndolo.

Primero, porque sentirte mal no es lo que ayuda a reflexionar, movernos o avanzar.

Segundo, porque puede que tenga sentido que te suceda.

Tercero, porque tiene solución.


Aún si un excelente cirujano te guiara vía videoconferencia a extraerle una bala a una persona herida (como sucedió en un capítulo de la serie «La Casa de Papel» 🤪 la única serie de TV que he visto en +10 años), es altamente probable que no puedas hacerlo, o que lo hagas mal poniendo en riesgo la vida de tu “paciente”.

Por supuesto… esto no fue lo que le pasó a Tokyo.

Ella lo hizo estupendamente bien. Con mucho suspenso, sí, pero la bala la sacó. Y Nairobi sobrevivió (please, ¡dime que no fue un spoiler!)

¿Por qué ella sí pudo y tú no podrías? (bueno, digo yo, que no).

Porque la vida no sucede en Netflix, porque tú no eres Tokyo, y porque no tienes el conocimiento, la experiencia, la práctica, las habilidades (o el estómago) para hacerlo.

En la crianza sucede bastante parecido.

Y aunque el riesgo no es inminente como en el ejemplo de la bala, y los efectos lamentables pueden tomar más tiempo en mostrarse, el mismo principio aplica.


Por ejemplo, ya te pueden decir que hay que “respirar profundo ante una pataleta, no gritar, no desbordarte”, etc. etc. etc. —todo muy lógico y necesario— pero quizá…

  • tú no has practicado la autoregulación lo suficiente o de la forma necesaria.
  • o tal vez no has aprendido a conocer y trabajar con tu ego lo suficiente como para poder desasociar las acciones de tu hijx de tu identidad como mamá o papá.
  • también es probable que no hayas hecho el trabajo personal de revisar tu equipaje emocional, y se te disparen tus memorias sobre qué hacían contigo cuando eras pequeñx, secuestrando tus emociones.
  • incluso estas lógicas sugerencias podrían estar yendo en contra de tu paradigma parental heredado y no explorado, que dice que «los padres son la autoridad y los niños deben obedecerles o serán unos desadaptados en el futuro».

Y, pues claro, tú no quieres que tus hijos sean unos “desadaptados“…


Fíjate que todas las razones que muestro en este ejemplo tan básico, apunta a que previo a aplicar una teoría, necesitas haber hecho algún tipo de trabajo en ti.

Por eso en el programa online «Ser[Padres]Conscientes» el hilo conductor, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez… es la auto-mirada.

Sí, sí, yo sé: suena a extraerse la bala uno mismo 😬Nada fácil.

Y bueno, no te diré que es facilísimo… porque te engañaría.

Pero es menos difícil que vivir en la lucha, en la confrontación, en la pelea, en la corregidera, en la auto-crítica, en la frustración o la culpa.


Tampoco te voy a decir que en las 10 semanas que dura el programa te convertirás —figurativamente hablando— en cirujanx.

Pero sí te diré que si haces un comprometido trabajo de autoconocimiento, profundo, intencional y consistente, desarrollarás una mirada más expandida, y te encontrarás con más herramientas, capacidad y claridad que si no lo haces.

Y, por consiguiente tus acciones estarán más alineadas a tus teorías.

Yo ofrezco lo que tengo para dar, y el programa «Ser[Padres]Conscientes» es un viaje diseñado para mover, remover, expandir, elevar y transformar la perspectiva, primero como individuo y, por efecto, como mamá o papá.

Si no es con mi acompañamiento, pues vale.

Mi deseo es que lo hagas con quien, cuando y como resuenes. Pero que no lo dejes pasar.

Porque los hijos crecen… sepamos acompañarles o no.

Tienes información sobre la filosofía detrás del paradigma de la crianza conscientes, tal como yo lo comparto, en la página SerPadresConscientes.com, y también 5 puntos que hacen de SPC un programa diferente a la oferta disponible.

De corazón a corazón, espero servirte.

Evelyn

ella se rindió… pero nunca esperó que pasara tanto después

⚠️Tengo autorización para compartir todo lo que te contaré en este correo.


19años.
Embarazados de sorpresa.

Ella, estudiante de cine. Bohemia. Ocupada de lo propio a esa edad: el disfrute irreverente.

Convencida que no tendría hijos. Al menos por mucho tiempo.

Y, en sus palabras, “nada espiritual”.

De él aún sé poco. Pero sé que era tenista. Y que el embarazo también lo sorprendió.

A ambos los descubrí hace unos dos años, vía youtube, como «La Familia Meraki», cuando Leo y yo investigábamos sobre nomadismo previo al inicio de nuestra propia vida como nómadas digitales. Hace casi tres que así viven ella, Angela, su esposo Carlos, y sus dos hijos, Mathías y Noah (quien nació en plena vida nómada).

Ya antes habíamos intercambiado algunos mensajes de texto. Pero cuando Angela me contactó hace una semana para decirme que este año no se quedaría con las ganas de vivir mi programa online «Ser[Padres]Conscientes», me entusiasmé especialmente.

Porque los siento, a Angela y Carlos, genuinos en su compromiso —no sólo deseo— de ser, además de padres conscientes, individuos conscientes.

Veamos crudamente qué opciones podría haber considerado Angela, ante el sorpresivo, inminente, indeseado e inconveniente desvío que se presentaba en la vida que Angela creía que quería:

  • Abortar.
  • Entregar a su hijo en adopción.
  • Refugiarse en que su familia “le cuidara” a su hijo.
  • Tener a su hijo y continuar sus estudios. O dejarlos.
  • Tener a su hijo ¡y convertirse en madre!

En la sensible conversa que sostuve con ella, y que tienes disponible en este video, me contó ese momento inolvidable y mágico cuando, justo el día en que reconectó con su padre quien la había abandonado cuando niña, supo que estaba embarazada.

Eran días intensos para ella… reconectar de pronto con un padre ausente, un viaje a varios países diseñado por su madre para reconectar con los ancestros, la noticia de un embarazo que rompía la burbuja de sueños… ¡UF!

Todo junto.

Me cuenta que una noche en el viaje, entre desesperación, rabia, emoción, mucho miedo, sentirse sin rumbo e insomnio, salió de madrugada de su habitación y sintió la invitación inevitable de tirarse boca abajo, brazos abiertos, en el pasto afuera de la casa, y empezó a llorar…

Recuerda, Angela tenía 19 años.

Se desbordó todo en ese momento y entre lágrimas dijo:

Si ésto es lo que hay para mí, lo recibo y lo haré bien.

Me cuenta que fue la experiencia de rendirse en aceptación plena a un acuerdo… a un compromiso.

Y ahí todo cambió para ella.

Sintió que la tierra, el cielo, y todo a su alrededor… la abrazaban 💛

Ángela decía que ella “no era para nada espiritual”… pero ya me dirás tú si rendirse conscientemente en un acto de entrega intencional ante la vida, no es muy espiritual ¡JA! ✨


A partir de allí comenzó a investigar, estudiar y aprender todo lo que pudo sobre parto, lactancia, embarazo, crianza.

No podía comprender que fuera a traer un hijo al mundo sin prepararse.

Qué bien que lo hizo, porque después de Mathías, llegó también Noah.


Tómate un momento para aprovechar este correo como activador de reflexiones…

  • ¿A qué te inspira la historia de la Angela de 19 años?
  • ¿Qué resuena más contigo de su testimonio?
  • ¿Qué quieres llevarte puesto para explorar, practicar, reflexionar?
  • ¿Qué puedes aprender?
  • ¿Hay algo que se te mueva, remueva, o incomode, que pueda ser un hilo para halar hacia más profunda investigación?

Por sus decisiones, sé que Ángela y Carlos saben que, como siempre digo:

Hay más… mucho más.

Así que saben que la educación para no solo ser padres conscientes, sino individuos conscientes, es un viaje continuo que se vive en gerundio.

Como el despertar…

Y por eso ellos, como todos los invitados que he tenido en los 9 #LiveConAlma que he hecho en los pasados 9 días, han vivido el programa (una o varias veces) o vivirán esta nueva edición de Ser[Padres]Conscientes.

Así como lo re-viviré yo.

Porque soy una persona diferente.

Porque soy una madre diferente.

Porque tengo un hijo diferente.

…porque vivimos un mundo diferente que demanda nuevos y actualizados paradigmas, perspectivas, modelos, prácticas.

Me emociona cada nueva edición, un poco más que la anterior.

Porque reconozco el compromiso.


El año que viene, habrán pasado muchos días… horas… circunstancias… momentos… en los que ser un individuo consciente puede hacer toda la diferencia.

Si es o no en mi programa, no es lo relevante.

Lo relevante es que no dejes el trabajo de evolucionar… por hacer.

Te abrazo de corazón a corazón,

Evelyn

Si es por FOMO, por favor NO tomes esta decisión

FOMO (del inglés fear of missing out, «temor a dejar pasar» o «temor a perderse algo»).

Es una patología psicológica descrita como «una aprensión generalizada de que otros podrían estar teniendo experiencias gratificantes de las cuales uno está ausente».

Este tipo de ansiedad social se caracteriza por «un deseo de estar continuamente conectado con lo que otros están haciendo».

FOMO también se define como un miedo al arrepentimiento, que puede llevar a una preocupación compulsiva de que uno pueda perder una oportunidad de interacción social, una experiencia novedosa, una inversión rentable u otros eventos satisfactorios.


Si es por FOMO que has considerado sumarte a «Ser[Padres]Conscientes», por favor NO LO HAGAS.

Es en serio.

Si no estás absolutamente convencidx del valor de educarte, intervenirte, despertar y expandir la consciencia, entonces lo mejor será que aunque te llame la atención el programa… por favor, no lo hagas.

No le hará a nadie un auténtico beneficio.

Es totalmente válido no estar absolutamente convencidx de qué pasará luego de hacerlo.

O en quién te habrás convertido.

Eso no lo sabrás tú sin vivirlo.

Ni lo sabré yo.


Y esto no solo aplica a «Ser[Padres]Conscientes».

Aplica a todo en la vida: un cambio de trabajo; una relación de pareja; una oportunidad de negocio; un viaje; mudarte de país.

No operar desde el miedo a perder, requiere…

Conectar a la prioridad detrás del deseo de lo que se busca vivir.

¿Por qué hago lo que hago?

¿Por qué quiero lo que quiero?

¿Qué estoy buscando sentir?

¿A qué parte de mí obedece mi decisión?

¿Cuál es mi prioridad más trascendente como individuo?

¿Cuáles son mis prioridades más trascendentes como mamá o papá?


Esto es todo por hoy.

Ya es lo suficientemente aleccionadora esta exploración.

Tienes trabajo con esas preguntas 🔎

Recibe mi abrazo de corazón a corazón,

Evelyn

ya casi terminamos,
¡Aguanta ahí!

¡UF! ya casi termina esta serie de correos.

Y, como he dicho tantas veces…

Todo Final es un Inicio

Y el ángulo educativo de este correo de hoy, mezcla el cierre de las puertas de registro a «Ser[Padres]Conscientes», con los cierres que encontraremos muchas veces a lo largo del camino, como con nuestros:

  • hijos
  • en el contexto familiar
  • pareja
  • padres
  • …y siempre, medularmente, como individuos.

Mi hijo tiene 17 años, y he visto muchas etapas iniciar, y muchas culminar.

Prepararme para ellas, como me preparo para que pronto alce vuelo en solitario, ha sido indispensable para mantener mi paz como individuo, y el servicio que como mamá he estado y estoy para darle.

Es cuando hacemos el trabajo intencional, profundo y consistente de mirarNOS, de explorar nuestra perspectiva de vida, cuando reflexionamos en la manera en que miramos y traducimos el mundo, que podemos relacionarnos con nuestros hijos con más autenticidad, con más respeto, con más liviandad.

¿Cómo hacerlo si estamos cargados de ilusiones, mentiras e historias?

¿Cómo hacerlo si seguimos inconscientemente arrastrando equipaje emocional desde nuestra propia infancia?

Ocupándonos de atender los mensajes que nos traen las circunstancias y nuestras experiencias.


He tenido muchos hijos a lo largo del camino.

El hijo que tuve cuando nació, no es el mismo que el que era a los 2 años.

El que era a los 2 años, no es el mismo que el que era a los 7.

Ni el de los 7 a los 12.

Ni siquiera el de 12… a los 12 años y 6 meses.

Porque los cambios son tan imperceptibles que no los notamos.

Y si no los notamos… seguimos operando como operábamos con “el hijo anterior”.

Actualizándonos. Interviniéndonos. Haciendo el trabajo de evolución al que nos llama cada nueva etapa.


El tema es que no solo ellos cambian.

Nosotros como individuos también.

¿Te das cuenta que somos un sistema?

Afectamos e influimos los unos en los otros.

Y mientras más claridad tengamos sobre nosotros, sobre nuestras perspectivas, nuestros disparadores, nuestras historias, nuestras prioridades… nuestro modelo del mundo… como individuos y como padres, con mayor alineación podremos vivir el propósito de la parentalidad:

Acompañar, sostener y promover —respetuosa y conscientemente— que nuestros hijos vivan su verdad, y no la nuestra.

Porque, para empezar, estaremos más en sintonía con nuestra verdad del alma. Y desde allí… todo cambia.


Si todo lo que he compartido contigo en las pasadas dos semanas, en esta intensa serie de correos educativos y expansivos, ha resonado, mi invitación es a que te lo lleves puesto.

Quizá quieras tomar algunas notas de cada correo, y practicar un foco cada semana.

Te aseguro que irás viendo diferencia y expansión en ti, si te dedicas.

Deja que sean provocadores de tu expansión.

Espero servirte.

De corazón a corazón,

Evelyn

Hoy CERRAMOS y estamos en PAZ

Hola, hapy now,

He educado.

He informado.

He compartido.

Una decena de potentes y valiosos Lives en Instagram con contenido profundo, no charlas sociales.

Una decena de correos con perspectivas expansivas que pueden ser llevadas a la práctica.

Decenas (¿cientos quizá?) de stories con reflexiones + posts en Instagram con tema para sumergirte.

Una Guía de Exploración que tiene el potencial de detonar una poderosa alineación en la vida.

Una página web con intención y sentido de propósito.

Estamos en paz.

En paz… y agotados también jajaja

Leo y yo hemos entregado lo que tenemos para dar.

Desde el alma.

Con dedicación, talento, experiencia y entrega comprometida.

Te invito a aprovechar intencional, deliberada y consistentemente todo lo que haya resonado contigo de lo que he entregado.

Sea como sea, recuerda que serás la mamá o el papá que seas desde el individuo que eres.

Que tu foco esté allí: en tu alineación personal y tu despertar espiritual.

Gracias por haber llegado hasta este correo en esta serie.

Ahora, si ha de ser, nos vemos o veremos algún día en «Ser[Padres]Conscientes»

Abrazos muchos,

Evelyn

Si quieres saber más sobre la filosofía detrás de Ser[Padres]Conscientes

© 2020 Dynamic Creations Associates Inc   |   Términos   |   Política de Privacidad